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25/03/2014

Tras cuatro meses en Madrid, vuelvo a Toledo


Empecé la carrera de Comunicación Audiovisual, en Madrid, por tres motivos: primero, porque lo que siempre me ha apasionado en la vida es el cine, y dedicarme a ello parecía una buena idea; segundo, porque estaba en Madrid y a mí siempre me había hecho ilusión irme a vivir a esa ciudad; y tercero, derivado también del hecho de estar en la capital, que un amigo mío también iba a empezar el primer año; y me pareció una buena idea tener a alguien de confianza por esos lares. Al fin y al cabo, siempre me ha dado un poco de miedo eso de salir del nido, por mucho que me avergüence reconocerlo.
Sin embargo, en la carrera solo duré un semestre. Algo que aprendí, y que dudo que vaya a olvidar nunca, es lo siguiente: jamás conviertas tu afición principal en tu trabajo. Me encanta el cine, sí, al igual que empaparme de su historia...; pero de forma autodidacta. Lo mío es disfrutar películas, no hacerlas; no se me da bien ni el montaje, ni el guión, ni los planos de cámara visionarios. Me da un poco de rabia: me sentía a gusto en Madrid y ya había pagado dinero por mudanzas con guardamuebles a Madrid; pero ahora voy a tener que traerme de vuelta tanto a mí como a todos mis trastos.
Y lo peor de todo, pagar por unas mudanzas en Toledo. Especifico: que mis padres me las paguen, porque yo no tengo dinero e hice bien en no solicitar beca, visto lo visto. Espero que mis padres no se enfaden demasiado conmigo cuando vuelva, pero así son las cosas: crees que van a salir bien pero salen mal. Ya he aprendido la lección, repito; algo es algo. Me pasaré el resto del año como sabático y meditaré BIEN qué es lo que realmente quiero hacer.

Tags: madrid mudanzas


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25/03/2014

El incidente del taxi en Rivas


Las primeras citas son muy románticas y maravillosas... Si salen bien. Yo he tenido multitud de citas que han salido mal; y entonces, en cuanto hemos pagado la cuenta, nos hemos despedido de forma muy incómoda y deseándonos suerte en la vida. Qué asco, ¿puede haber peor forma de acabar una noche? Encima, yo creo que nueve de cada diez primeras citas salen así de mal; y por eso, cuando una sale bien, incluso inspira desconfianza al principio; o al menos, a mí me pasa. Me pasó ayer, pero se me pasó la desconfianza y aprendí a aceptar que, por una vez en mi vida, esa primera cita había sido maravillosa. Ahora mismo estoy en una nube.
Pero eso no quiere decir que no hubiese incidentes. Los hubo; lo que pasa es que, en ese contexto, los incidentes más bien se convierten en anécdotas graciosas que luego uno recuerda con una sonrisa. A ver, vivo en Rivas; y la cita fue con un compañero del trabajo que siempre me había parecido encantador y atractivo. Ya habíamos hablado mucho y teníamos una conexión interesante, pero igualmente, pensaba que yo a él no le interesaba. Pero sí. Un día, me armé de valor y le pregunté si le gustaría salir a cenar alguna vez; y cuál fue mi sorpresa cuando no solo acepto, sino que me dijo que estaba deseando que ocurriera aquello. Ahí empezó la desconfianza, que luego se marchó para no volver jamás. Ah, sí, el incidente; yo lo llamo “el incidente del taxi en Rivas”.
No pasó nada más grave que el síndrome de Cenicienta: tenía que estar en casa a las doce porque ninguno de los dos tiene coche y el último autobús que me deja en casa sale siempre a las once y media. Pero claro, me lo pasé tan bien que me despisté; y entonces tuve que pillar ese taxi en Rivas.

Tags: rivas taxi


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25/03/2014

No hay gestión de mantenimiento como en casa


Por fin, he cumplido uno de mis objetivos como “estudiante autodidacta” (me gusta llamarlo así, aunque a algunos les suene a eufemismo): alojarme con una familia inglesa durante un año en Inglaterra para mejorar mi inglés. Llevo aquí ya unos seis meses y, de verdad, los dos o tres primeros meses la experiencia es única; yo estaba tan emocionada que incluso me costaba dormir o no estar permanentemente activa. Sin embargo, hay un problema: no estoy en Londres, sino en un pueblo y el cuarto y quinto mes, la cosa empieza a tornarse algo aburrida.
Cuando empecé a experimentar los primeros síntomas de aburrimiento, no le di demasiada importancia. “Al menos, tengo internet”, me dije; ventajas de llevar el móvil y estar pagando una cuota mensual: tenía un mundo de diversión al alcance de mi mano y, encima, una comunicación rápida y sencilla con mis amigos y con mis seres queridos. Sí, todo me iba bien... hasta que se me rompió el móvil. Y fue el niño de seis años de la familia, a quien le tengo que dar clases de inglés y español para ganarme la estancia, quien me lo tiró al suelo en un arrebato de furia, fruto de su negativa de no hacer los deberes mandados. Casi lo mato, pero la preocupación sustituyó a la furia: ¿dónde leches encontraría un buen sitio de gestión de mantenimiento?
Fue entonces, creo, cuando empecé a echar mucho de menos mi casa y mi ciudad; y no solo porque ahora estaba incomunicada, sino porque, allí, sí que conocía un sitio de gestión de mantenimiento bastante decente: ya había acudido antes para reparar mi televisor, y quedó como nuevo. En fin, tampoco me cabe duda de que aquí habrá algún sitio decente, pero me parece que no tan bueno como ese... Tendré que coger el toro por los cuernos y ponerme a buscar a fondo.

Tags: gestion mantenimiento


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25/03/2014

Hornos y distribuidores en el menú de una pizzería


Estuve en una pizzería bastante curiosa el otro día. No porque tuviera gran variedad de pizzas a buen precio, lo cual es común en muchos otros restaurantes del estilo; tampoco porque al menos uno de los camareros fuera italiano, dado que en muchos restaurantes todos ellos lo son; y, claro está, no porque la pizza que me comí estuviera deliciosa: adoro la pizza con todo mi ser, de modo que cualquier pizza que pruebe suele estar deliciosa. Eso sí, las hay más buenas que otras, evidentemente; y esta entraba en la categoría de excelencia que corona el ranking que suelo tener en el interior de mi cabeza.

Lo curioso era el menú. Sí, porque dedicaban al menos una página a hablar del tipo de horno de pizza que utilizan para elaborar las pizzas. Encima, y no contentos con ello, incluían a los distribuidores tanto del horno como del equipamiento en general; como Pizza Oven. Me sorprende bastante, la verdad; ya he estado antes en otros restaurantes, y algunos cocineros son tan charlatanes, sobre todo los de cualquier buffet en el que haya estado, que suelen contarte que han adquirido el el equipamiento en Charcoal Oven, en Kings Buffet... etc. Vale, eso hasta cierto punto es normal... ¿pero dedicar una página entera de la carta?

No sé, a lo mejor piensan que estoy exagerando. Puede ser. El caso es que incluir una captatio benevolentae para cualquier cliente al principio de la carta, y basarla en hornos y distribuidores, me parece un tanto fuera de lo común. Bueno, admito que el horno es muy importante en una pizzería y que, quizá, con muchos clientes sensibles a la sugestión funciona el recurso. Entonces está bien. Conmigo funciona la pizza a secas, es más efectiva y, desde luego, llena más el estómago que la lectura de un menú. A menos que lo hagas para seleccionar comida.


Tags: charcoal horno oven pizza


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21/03/2014

Ahora veo sexshop por todas partes


Seamos claros: cuando estamos ojeando la sección de anuncios de cualquier periódico, muchos de nosotros nos detenemos siempre en los anuncios eróticos de chicas voluptuosas; aunque solo sea para alegrarnos la vista un rato. Todos nosotros estamos más que acostumbrados a ver esas cosas aunque sea de pasada, mientras buscamos la oferta de algún piso, o algo similar. Pero sean sinceros: ¿cuántos de ustedes están habituados a ver anuncios promocionando un sex shop? No hace falta que me respondan, porque lo sé; y lo que más me sorprende es que nos sorprendamos, valga la redundancia, cuando de lo otro ya no se sorprende nadie.

Supongo que a eso se le llama “doble moral”; aunque no es de lo que quiero hablar. Hace unos años, hablar de un sexshop era hablar de algo muy exótico; algo que todo el mundo sabía que existía pero que nunca había visto, en lo que nunca había entrado o, quizá más habitual, en lo que todo el mundo juraba no haber puesto un pie cuando era mentira. Sí, yo vivó esa época; y hasta ayer creía que la seguía viviendo, ingenuo de mí... Pero mi periódico habitual me abrió los ojos.

¿Les ha pasado alguna vez que, cuando escuchan hablar por primera vez de algo, empiezan a ver ese algo en todas partes? Y pasa todavía más con las canciones. Pues eso me ocurrió a mí con el sexshop. De repente, salía a la calle y veía uno en cada esquina...; o bueno, en muchos lugares por los que casualmente pasaba. Entraba en internet y descubría que incluso había anuncios sobre ese tipo de tiendas, pero virtuales. Escuchaba a unas chicas hablar de no sé qué producto comprado en uno de ellos...; y cosas así. De verdad, sigo atónito, aunque quizá no lo debería estar tanto; al fin y al cabo, estamos en pleno siglo XXI.


Tags: sexshop


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